Editorial: El doble discurso de un gobierno que aprieta por dentro mientras posa para las redes sociales por fuera
Publicado el 4 de junio de 2026, 20:14 · Actualizado el 4 de junio de 2026, 20:19

El gobernador Claudio Vidal acaba de grabar un video dirigido a la ciudadanía. Allí, con gesto compungido y tono comprensivo, dice entender la situación que atraviesan los trabajadores que reclaman frente a Casa de Gobierno. Un ejercicio de empatía tardía que busca proyectar la imagen de un mandatario sensible, cercano al dolor ajeno.
Pero mientras las cámaras filman ese costado amable, en los pasillos de la Jefatura de Policía circula una circular interna que revela la otra cara del gobierno: la del apriete, la de la persecución, la del dedo acusador que pide nombres, apellidos y jerarquías de cada efectivo que se anime a adherir a la medida de fuerza.
No hay margen para el engaño. Mientras un Vidal se filma entendiendo los reclamos, el otro Vidal —el verdadero, el que decide detrás del escritorio— ordena la lista negra de los policías que exigen paritarias por la inflación y el fin del "quite de colaboración".
¿Cuál es el verdadero Claudio Vidal? ¿El actor del video o el jefe que profundiza todo lo que criticaba en campaña del 2023?
Porque no se trata de un hecho aislado. Este gobierno desoye sistemáticamente a los trabajadores de todos los sectores.
La falta de diálogo no es un accidente: es una política. Y ahora, cuando la bronca estalla también en las filas de la fuerza de seguridad, la reacción no es sentarse a negociar, sino amenazar con la planilla de los sospechosos.
La persecución interna no es nueva en las policías provinciales, pero que un gobierno que llegó prometiendo cambiar las viejas prácticas recicle las peores herramientas del autoritarismo es, como mínimo, una traición a su propio discurso.
Vidal quiere mostrarse como un gobernador del pueblo. Pero el pueblo, cuando mira con atención, ve a un funcionario que habla por un lado y aprieta por el otro. Los policías no piden privilegios: piden un salario digno. Y la respuesta oficial, hasta ahora, es el silencio cómplice de un video hueco y la letra chica de una circular que huele a persecución.
La coherencia no se filma: se ejerce. Y hasta nuevo aviso, el verdadero Claudio Vidal es el que firma los aprietes, no el que posa para la galería.




